¿Quién juega con quién?


Lo más cercano a lo normal, y a lo social y jurídicamente permitido, son aquellos padres que dan la vida por sus hijos [sabemos que hay una vertiente que dice que no debe ser así].


Cuando nace el nuevo o nuevos integrantes de la familia, el devenir cotidiano da un vuelco de 360°. Los padres, además de convertirse en eso, se transforman en tutores, guías, supervisores y en el ejemplo más cercano de lo que se debe y no se debe hacer, en todos los sentidos.


Dicen que los bebés son esponjitas que todo lo que ven y oyen los absorben para después expresarlo, aunque a veces ponen en aprietos a sus papás porque lo hacen en lugares poco apropiados y los dejan en vergüenza.


En la temprana edad se les brinda la protección y los cuidados posibles. Una de tantas funciones primarias de mamá y papá es jugar con ellos, entrar en su mundo fantástico del cual se desprenderán grandes historias inventadas por una mente que sólo tiene inocencia.


Los pequeños cada día están a la espera de que sus progenitores estén con ellos, es un estado normal que desarrolla la conducta. Si es que uno o ambos trabajan, su reloj biológico les dicta el tiempo exacto cuando pasarán por ella o él para llevarlos al hogar, sinónimo de que la diversión pronto iniciará.


Es inherente que la energía de los adultos no se compara con la de los bebés, se ve mermada con el paso de los minutos laborales, sin embargo, los hijos no saben eso. Esperan con ansia el entretenimiento que les proporcionen, ser los protagonistas de una vida inventada a través de seres y entes, ya sean de los dibujos animados, muñecos de peluche o cualquier otro juguete o accesorio.



La recámara y/o la sala se convierten en la locación perfecta para montar una película donde se librarán las batallas. Es probable que los niños brinquen de un lado al otro en los sillones o la cama, que se escondan, que avienten algo, sólo por el simple hecho de regocijarse de alegría.


Los padres al ver la sonrisa de su hijo hacen cualquier cosa. Su propia existencia deja este mundo para sumergirse en las creaciones, ilusiones y juegos de los herederos.



Qué pasaría si dentro de esas recreaciones ficticias, los padres otorgarán superpoderes a sus hijos o si los vieran que están en peligro, pero no hacen algo por apartarlos porque los están grabando para después subir el video a Facebook o YouTube.



Sabemos que de ese tipo hay muchos y la red tiene cientos de pruebas para demostrarlo. Sin embargo, este caso es muy especial. Daniel Hashimoto es un papá fuera de serie, es animador, pero no de fiestas, sino de la compañía de efectos especiales Dreamworks.



¿Qué hace? Utiliza su imaginación, la extraordinaria infraestructura de los efectos especiales y a su hijo James, de tan sólo tres años, para crear increíbles videos ¡¿caseros?!


Es así como Hashimoto "expone" al pequeño James a ríos de lava, explosiones, a pisos mojados, los juegos de McDonald's o Disneylandia, pero ante esos peligros, también le otorga poderes, sables de luz, pistolas de agua o lanzagranadas, así como la famosa arma de agarre que usa Batman para escalar paredes [aunque traiga puesta una playera de Superman].



Disfruten de cada uno de los videos que están disponibles en la cuenta Action Movie Kid de YouTube.

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