lunes, 11 de agosto de 2014

Tejiendo erotismo


La aparición de la píldora anticonceptiva, por allá de los años 60, no sólo produjo cambios físicos en la mujer, también transformó a la sociedad. Poco a poco las mujeres se fueron despojando de los prejuicios respecto a su sexualidad alcanzando un papel más libre y activo en la intimidad.



En la actualidad las jóvenes viven su sexualidad con una mayor libertad que sus madres o abuelas. La diferencia generacional es amplia, pero aún con los avances, se sigue conservando en la psiquis de las féminas, antiguas concepciones impuestas por un modelo social patriarcal, y en muchos ámbitos los temas acerca de la sexualidad y el erotismo siguen siendo un tabú.



El concepto de género, que tiene que ver con lo que culturalmente se espera acerca de las conductas de mujeres y varones, se ha modificado, y no resulta fácil que una sociedad se adapte al cambio.



Muchos prefieren no hablar respecto a estos temas, por desconocimiento, por vergüenza, porque los consideran prohibidos o también porque no desean hacer un comentario que los lleve a revelar  y compartir experiencias personales, y quieren dejar la intimidad en la privacidad.



Mucho se dice de la diferencia entre libertad y libertinaje, la primera entendida como la capacidad de pensar y actuar con voluntad y responsabilidad. La segunda como la adopción de una conducta desenfadada y totalmente abocada a satisfacer el placer y los caprichos.



Hoy en día, enfocándonos exclusivamente en las mujeres, comparten fotografías, las famosas selfies, en las redes sociales, en poses sensuales, mostrando su lado sexy, con ropa provocativa, en las que dejan de lado la privacidad pasando al terreno de hacer pública la intimidad.



La artista estadounidense Erin M. Riley se concentra justamente en el erotismo, la diversión caótica y libertina que forman parte de la juventud contemporánea para realizar su trabajo.



La obra de Riley no sólo llama la atención por la temática que aborda, sino también por la técnica que utiliza. La artista teje imágenes de mujeres en distintas situaciones utilizando telares. Realiza tapices de selfies de jóvenes en ropa interior, metiéndose en algún lío con la ley, fumando, bebiendo, consumiendo algún tipo de droga.



Erin teje situaciones incriminatorias de su generación, vinculadas al sexo y a las drogas, donde las mujeres son protagonistas. Los tapices se caracterizan por la ausencia de rostros definidos lo que las convierte en imágenes universales. Algunas son fotografías de la propia artista y otras de mujeres anónimas halladas en internet, que recrean comportamientos de la generación nacida a partir de mediados de los 80 y que, por lo general, se almacenan y distribuyen en Facebook, Snapchat, Tumblr o en la privacidad de un teléfono móvil.



Con su obra Erin despierta al voyeurista que llevamos dentro y puede provocar en el espectador una curiosa y sutil perversión.



Para conocer más de los tapices de Erin M. Riley den click en su nombre.

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