martes, 26 de mayo de 2015

Apenas diferentes


El deseo de tener hijos es algo natural entre dos personas. Aunque en tiempos modernos es evidente que las parejas retrasan la etapa de reproducción debido a que ambos buscan tener las condiciones idóneas y una estabilidad emocional y económica para hacerse responsables de un nuevo integrante de la familia. Además de que un mayor porcentaje de mujeres buscan ser más independientes y desarrollarse profesionalmente.



Amigos cercanos comentan que en realidad nunca se está preparado ni existen las condiciones ideales para tener un retoño, que el momento adecuado es sencillamente cuando dos personas están seguras de que desean tener un pequeño o pequeña a su lado y comprometerse a cuidarle. Lo demás sale porque sale.



Aunque exista el deseo de formar una familia no siempre es sencillo conseguir un embarazo. Algunas parejas logran concebir al primer intento, mientras que otras pueden pasar meses o años intentándolo hasta el grado de someterse a exhaustivos tratamientos.



Otra opción es adoptar, habrá quienes no consideran esta alternativa porque quieren hijos directos, pero hay personas que piensan que es una buena idea que al final beneficia a ambas partes, pues se logra el objetivo de ser padres, y no sólo por el simple deseo de cubrir esa necesidad sino porque tienen el amor suficiente y el compromiso de velar por un pequeño ser. Y por otra parte, protegerán y proveerán de cariño y bienestar a un niño o niña que ha vivido en condiciones difíciles, que fueron abandonados o que perdieron a sus padres biológicos.



La adopción es una medida de protección que conlleva en proporcionar unos padres a los niños que carecen de ellos.  Adoptar no debe responder a pretensiones egoístas de las personas que se sienten solas, de que crean que un hijo solucionará sus conflictos de pareja, que sanará el sufrimiento de haber perdido a uno o que llenará el vacío de no poder tenerlos. Bien dicen que adoptar es un acto de amor y también de mucha responsabilidad.



No sólo las parejas que no pueden tener hijos acuden a la adopción. Hay personas que también lo hacen aún pudiendo tener hijos biológicos, lo que refuerza que es una acción llena de amor. Tal como lo hizo la fotógrafa estadounidense Anna Larson, madre de tres hijos, dos biológicos y una pequeña de origen etíope que adoptó.



Larson capturó el amor sin límites, sin condiciones ni prejuicios que se tienen sus hijas Semenesh y Haven en la serie fotográfica Barely Different [Apenas diferentes]. Dos pequeñas grandes hermanas, amigas, cómplices que demuestran que no importa el origen, el color, las condiciones al final todos somos iguales, no hay distinciones, no tiene porque haberlas.



Después de que Larson hiciera un voluntariado en Haití donde se encariñó con una niña que estuvo a su cuidado y que lamentablemente falleció, en ese momento supo que debía considerar la opción de adoptar para brindarle una familia y una vida mejor a un pequeño.



Anna planea seguir fotografiando a sus hijas tal y como son y con el objetivo de que la serie crezca de manera orgánica junto con ellas. “Es increíble que sean dos personas que crecieron en lados opuestos del planeta y que existan tantas similitudes entre ellas, no es el color de la piel lo que nos hace diferentes, es la falta de unión que procuramos entre nosotros”.



Bellos retratos en blanco y negro sorprenden por su calidad visual y su composición, pero sobre todo por la lección que nos dan dos pequeñitas unidas por el amor y la amistad.



Para conocer más de la obra fotográfica de Anna Larson sólo necesitan dar click sobre el nombre.


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