La divagación renacentista


Las obras del Renacimiento parecieran fácilmente identificables. La sobriedad que manejan es un sello de la época, de los encargos a los artistas. Los rostros que pintaban o esculpían se muestran apacibles, sin emociones más que aquella que le imprimían de agrado por ser modelos.





Las desviaciones de aplicar al arte otros elementos eran castigados, así que los artistas tenían que acatar las órdenes. Las solicitudes eran vastas, pero nada ni nadie agregaba colores, trazos o tallados que rompieran los estereotipos.





Afortunadamente los siglos han pasado y la situación es distinta en nuestro tiempo. Gerard Mas es un escultor español que decide darle un poco de humor y coquetería a sus trabajos. Teniendo como base el alabastro, esculpe bustos de personajes renacentistas agregando el factor popular como una paleta, una bomba de chicle, una lengua fuera de la boca o el micrófono de una diadema.

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